¡AL FONDO DEL MAR AL QUE HAGA TROPEZAR A UN NIÑO!

 

 

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“Mas el que haga tropezar a uno solo de éstos, los pequeños, es mejor para él que le sea colgada una piedra de molino, de las que mueve un asno, en torno al cuello de él y que sea ahogado en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por las piedras de tropiezo! Es inevitable que vengan las piedras de tropiezo, pero ¡ay del hombre por medio de quien el tropiezo viene! Estén en guardia para que no menosprecien a un pequeñito como éstos porque yo les digo que los ángeles de ellos en los cielos siempre contemplan el rostro de mi Padre en los cielos" (Mt. 18, 7.10).

“Mas el que haga tropezar a uno solo de éstos, los pequeños, es mejor para él que le sea colgada una piedra de molino, de las que mueve un asno, en torno al cuello de él y que sea ahogado en lo profundo del mar” . ¡Es muy terrible lo que está diciendo Jesús! Está pidiendo la pena de muerte, y la más atroz de todas: Por ahogamiento inmediato, para “el que haga tropezar a uno solo de estos, los pequeños” , “a uno solo” . Jesús está hablando de algo que le sucederá a la persona que le haga daño a un niño, mucho más terrible que “colgarle una piedra de molino, de las que mueve un asno, en torno al cuello de él y que sea ahogado en lo profundo del mar” . Y lo dice, porque es muy serio el daño que se le hace a un niño. No es sólo al niño, se le hace a la vida, a la evolución, al Reino, a la familia del niño y a todas las personas que convivirán con él en el futuro.

Conozco muchas personas, ya mayores, que por daños en su niñez no han podido desarrollar su ser. Quedan como atados o atascados en el “tropiezo” que les pusieron, y de allí no pueden salir en el resto de su vida. Conozco personas con capacidades artísticas, de liderazgo, sociales, filantrópicas, literarias, científicas, que no las han podido desarrollar, porque el “tropiezo” de su infancia no los deja avanzar en su desarrollo y realizar sus talentos internos. Permanecen presas de un dolor interno, de una angustia permanente, incapaces de disfrutar las maravillas de la vida, incapaces de amar, desconocedores de la alegría, imposibilitadas para lograr algo, y trasladando su dolor, su angustia y su inestabilidad emocional a quienes los rodean y a todo aquel con quien se encuentran.

De niños abusados sexualmente en su infancia resultan los dictadores, los sádicos sexuales, los estafadores, los asesinos en serie, los suicidas, los esquizofrénicos, los sicópatas, los homosexuales, los autistas, los tiranos, los depresivos crónicos, los homicidas, los aberrantes sexuales, los maníaco compulsivos y un gran número de deformaciones de la siquis humana, sin remedio, sin reconstrucción posible, sin posibilidad de ser de otra manera.

Jesús es tan drástico con las personas que hacen “tropezar” a un niño, porque El sabe que este niño será desgraciado toda la vida y una fuente de desgracia para quienes convivan con él. Además Jesús agrega que se merece esta terrible muerte quien dañe “a uno solo” . Para Jesús basta con un solo niño dañado por un grande, para que se merezca atarle al cuello una rueda de molino de un metro y medio de diámetro y quince centímetros de espesor, que apenas podía ser movida por un animal, y ser ahogado en lo profundo del mar. Además el que Jesús diga que se merece que esa enorme piedra se la aten al cuello, significa literalmente quitarle la vida, porque cuello es símbolo de la vida en el pensamiento hebreo. El aire es nuestro elemento más vital y al suprimirlo morimos en pocos minutos. Y cuando Jesús dice “que sea ahogado en lo profundo del mar” , está diciendo: “Que se ahogue en lo profundo de la maldad”, porque mar es símbolo del mal en el pensamiento hebreo. En las profundidades del mar vive Leviatán la serpiente antigua, satanás (Is.27,1). Tan terrible es el daño que se le hace a un niño, que el agresor quedará para siempre ahogado en su propia maldad y en la maldad del mundo. Y, según Jesús, es lo que más le convendría..., porque dice: “Mejor le valiera...” .

¡Ay del mundo por las piedras de tropiezo! Es inevitable que vengan las piedras de tropiezo, pero ¡ay del hombre por medio de quien el tropiezo viene!” Este “ay” de Jesús suena a amenaza; a algo terrible que le sucederá a la persona que dañe a un niño. ¿Qué cosa terrible podría sucederle a esa persona, para que Jesús diga “¡ay!” ? Quizás lo más terrible sería creer que está relacionado con Dios, estar convencido de eso, pero vivir en su alma y en su espíritu los frutos de la relación con satanás que son “fornicación, inmoralidad, impureza, sensualidad, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, rivalidades, disensiones, sectarismos, celos, arrebatos de ira, divisiones, partidismos, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes...” . Quien todo esto vive, no puede tener ni un segundo de paz en su interior, y las enfermedades síquicas se irán desarrollando en él: La neurosis, la sicopatía, la depresión y la temible esquizofrenia por vivir varias vidas al mismo tiempo.

“Estén en guardia para que no menosprecien a un pequeñito como éstos porque yo les digo, que los ángeles de ellos en los cielos siempre contemplan el rostro de mi Padre en los cielos". Jesús está diciendo que algunos piensan que los niños están desprotegidos y que las acciones que hagan contra ellos quedarán impunes. Pero Jesús asegura que no, que ni siquiera se puede “menospreciarlos” , valorarlos en menos, no sólo porque ellos son el futuro “sin abrir” del Reino de Dios, del universo, de la sociedad, sino también porque tienen protectores que tarde o temprano les harán justicia, y nada menos que protectores que están continuamente “contemplando el rostro del Padre de Jesús que está en los cielos” y actúan ante el más leve gesto del Padre Dios.

Y, ¿qué pasa con un niño violado sexualmente, más aún por un sacerdote, por un ministro de Dios, por un embajador de Dios?

 

 

 

 

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