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DESPRECIAR A LOS NIÑOS |
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"Entonces le fueron traídos unos niñitos para que
pusiera las manos sobre ellos y orara; mas los discípulos les reprendieron.
Mas Jesús dijo: Dejad a los niñitos y no les impidáis venir hasta mí, porque
de personas como ellos es el reino de los cielos. Y después de poner las
manos sobre ellos, marchó de allí" (Mt. 19,14-15). ¡Hasta los
discípulos menospreciaban a los niños! Quizás les decían que no se movieran,
que no hicieran ruido, que se salieran de allí si iban a jugar, que estaban
en algo serio, que Jesús se iba a enojar y todas esas frasecitas tan
peligrosas que les decimos a los niños para impedirles llegar hasta Jesús y
que deja entrever en nosotros cierta envidia oculta porque ellos pueden
disfrutar de las cosas del Reino de Jesús con más espontaneidad, libertad y
alegría que nosotros. El Reino de Dios es de los niños. Entonces el Reino de
Dios es alegre, divertido, entretenido, de risas, juegos, alegrías,
aventuras, cantos, danzas, cariño, amor, descubrimientos, inventos, rondas,
amiguitos. El Reino de Jesús es Reino de niños, es “vida y vida en
abundancia” (Jn. 10,10) y nosotros lo hemos convertido en una
especie de funeral permanente donde ya no hay ninguna señal infantil. Jesús
se molesta siempre que se menosprecia a un niño. Jesús sabe el daño grande que se le hace a un niño con un leve desprecio, sabe que lo que un niño necesita es amor, cariño, dedicación y el más pequeño desprecio lo convertirá en persona que despreciará a otros. Nosotros los mayores, somos los que les impedimos a los niños acercarse a Jesús. Les impedimos con nuestras conductas dobles; con nuestras actitudes incoherentes; con nuestros criterios e ideas que no tienen nada que ver con Jesús.
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