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"Porque
como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así
será también la venida del Hijo del Hombre". Sabemos muy bien que el
pueblo hebreo usó muchos símbolos y géneros literarios para explicar su
Relación con YHVH. Uno de ellos, y muy frecuente fue el rayo. El rayo tiene
un fuerte sonido que es el trueno y un gran destello luminoso que es el
relámpago. No hay uno sin el otro. En la simbología bíblica el rayo trata de
definir el Poder de Dios. El trueno es símbolo del Poder de la Voz de Dios. Hasta los
sordos pueden oírla, porque retumba en su cuerpo. Sus potentes ondas sonoras
no las captan sus oídos, pero sí su cuerpo al chocar contra éste. Nadie puede
escapar a la Voz
de Dios simbolizada por el trueno en la Sagrada Escritura.
El
relámpago, que es el destello luminoso, simboliza la Presencia Luminosa
del Padre que todo lo ilumina. Significa la Luz de Dios. Es Jesús que trae Su Luz a nuestra
oscurecida conciencia.
El
oriente simboliza la luz, porque por tradición, es el lugar por donde amanece
primero. Simboliza la sabiduría, el desarrollo humano. Occidente simboliza
las tinieblas, la inconsciencia, la necedad, la independencia de Dios, la
soberbia, la falta de desarrollo humano.
"Porque
como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así
será también la venida del Hijo del Hombre". Jesús no volverá, por
segunda vez, para unos pocos. Vendrá para todos y por todos. Para los sabios
y para los necios. Su Voz la oiremos todos. Su Luz nos iluminará a todos.
Nadie quedará por fuera de Su Presencia. No se ocultará de nadie. No estará
en aposentos privados para algunos, ni en lugares desérticos para otros.
Volverá para abarcarnos a todos. Por eso concluye esta primera parte de Su
Mensaje diciendo que "donde quiera que estuviera el cadáver allí se
juntarán las águilas", no dice "buitres" como lo traducen
algunas versiones, para así lograr una interpretación preconcebida. Dice
"águilas", y en las tradiciones más antiguas de la Tradición Oral
Judía, "águilas" significa Misericordia Divina.
El
"cadáver" es aquella persona que ya no tiene espacio para la Vida. Ha muerto su
capacidad de recibir la
Verdad, defenderla y luchar por ella. El engaño y la
mentira han infectado todas sus células. Es un "cadáver"
espiritual. Por más Vida que se le insufle, ya es tarde, ya no podrá
recibirla. Su ser, entero, ha sido colonizado por la mentira y el engaño. Su
vida es para defender la mentira, para defender el engaño, para defender la
muerte espiritual. Pero la
Misericordia del Padre "los tomará sobre alas de
águila y los llevará a El" (Ex. 19,4) y "como el águila
animará su nidada, revoloteará sobre sus pollos; extenderá sobre ellos sus
alas; los tomará; los llevará sobre sus plumas" (Deut. 32, 11).
Todos los que seguimos a Jesús, contemplaremos emocionados Su Corazón, Su
Compasión y Su Misericordia con todos aquellos que no pudieron decidirse a
defender el Reino de Dios, a proclamarlo y a disfrutar de todos las
innumerables Bendiciones que al entregar la vida a Jesús, nos son dadas por
Su Amor.
Muy
claramente dice toda la
Palabra de Dios que la mentira, el engaño, la falsedad y la
hipocresía serán los elementos básicos del fin de los tiempos. Y, ¡cómo se va
a quedar tranquilo el Padre y Jesús, viendo que la diabólica mentira va
contagiando a los que han dado su vida por Ellos?! ¡Necesariamente tienen que
actuar, necesitamos que lo hagan! Porque "en los postreros días
vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos,
avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres,
ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes,
crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados,
amadores de los deleites mas que de Dios, que tendrán apariencia de piedad,
pero negarán la eficacia de ella" (2Tim.3,1-5). Y para que no seamos
contaminados por "éstos", tenemos que "evitarlos"
(2Tim. 3, 5b), porque "éstos malos hombres engañadores irán de mal en
peor, engañando y siendo engañados" (2 Tim. 3,13), y "causan
divisiones y tropiezos en contra de la doctrina (la Palabra de Dios) que
habéis aprendido. Os ruego que os apartéis de ellos porque tales personas no
sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves
palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos" (Rm.
16,17-18).
Este
pavoroso discurso de Jesús acerca de cómo viviremos el último tiempo antes de
Su Segunda Venida, no tiene por objeto llenarnos de miedo, terror y
desesperanza. El quiere llamarnos a cobijarnos en El, a adherirnos a El, a
colocarnos bajo Sus Alas Misericordiosas para disfrutar de las bendiciones
espirituales y materiales de Su Reino. Quizás sea tiempo aún de reconocer la
presencia del engaño y la mentira en nosotros y acercarnos a El y decirle:
"Aquí estoy Señor Jesús, me entrego a Ti, has de mí lo que quieras, Te
necesito".
Y
junto a éste, que también es mi clamor, uno mi clamor perseverante para que
lo oiga el o los que le corresponden: ¡DEVUELVANNOS LA IGLESIA DE
JESUCRISTO!
Muchas
gracias,
Sabina Vélez Hurtado
Valdivia, 6 de enero,
Epifanía del Señor, día de la visita de los "reyes magos".
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