NO CREER A LOS ENGAÑADORES

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"Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no les creáis". Jesús reunió en la palabra "eremai", "desierto", muchas situaciones. Con esta sola palabra nos quiere decir muchas cosas. El desierto es la geografía natural donde se desarrolló toda la historia bíblica. Abraham, Jacob, Moisés salían al desierto para encontrarse con YHVH, allí se comunicaban con El y recibían Su Palabra. En los tiempos con Jesús ya no sería así, "porque los verdaderos adoradores del Padre ya no lo harán ni aquí, ni allá, sino es espíritu y en verdad" (Jn. 4, 21-24), por eso nos advierte que no tenemos que "salir", ir fuera, para buscarlo; que no tenemos que retirarnos a ningún lugar para encontrarlo, porque "mora en nosotros" (Jn. 14,23).

En el desierto vivieron los israelitas durante cuarenta años muchas manifestaciones del Amor del Padre; mucha Presencia anticipada de Jesús (ver mi Novena Carta); allí hubo "grandes señales y prodigios" de la Providencia Paternal del Padre: Les dio el Maná y codornices para alimentarse; varias veces les proporcionó el agua de manera prodigiosa; los guió por medio de una nube durante el día y una columna de fuego durante la noche. El Padre tuvo que impactar los sentidos de nuestros primeros padres en la fe, para convencerlos de Su Existencia y sacarlos de la idolatría. Aquí Jesús nos está diciendo que no nos dejemos deslumbrar por los hechos extraordinarios, que El está en nuestro interior y que no necesitamos que estimule nuestros sentidos con prodigios que oigamos, veamos, toquemos o comamos. Porque El está con y en nosotros y de eso tenemos que estar ciertos y seguros. Los hechos prodigiosos son un peligro para nuestra fe, nos dejan aferrados a ellos y a quienes los ejecutan y quedaremos buscando siempre "las maravillas de Dios y no a Dios Maravilloso".

El desierto es el lugar de la Ley de Moisés, de la Antigua Alianza. La Antigua Alianza quedó fuera. Jesús, el ejecutor de la Nueva Alianza, El, El mismo es la Ley . Y esta Nueva Ley, no fue dada en el desierto, fue dada fuera de las puertas de Jerusalén cuando destruyó la muerte con Su Muerte y nos demostró Su Poder y Su Victoria con la Resurrección. No volver a las antiguas leyes del desierto, no salir fuera de la Nueva Alianza cuya "ley está puesta en nuestra mente y en nuestro corazón" (Jer. 31,33), es la gran advertencia de Jesús para el final de los tiempos.

El desierto también es estar sin El. Sin El, que es el agua que da la Vida. Es el mundo con todos sus valores falsos que no pueden ofrecernos ningún acercamiento a Jesús. Por eso nos pide que no "salgamos fuera", fuera de Su Reino, fuera de Su Camino para morirnos de hambre y de sed en el mundo, en la religión legalista donde no están ni Su Presencia, ni Su Espíritu, ni Su Palabra.

"O mirad, está en los aposentos interiores, no les creáis": Los "aposentos", "tameion", eran cámaras de almacenamiento; despensas; eran estancias privadas y reservadas. Quedaban en el interior de la casa. Era un hueco cubierto con pieles, en el cual ellos almacenaban sus reservas alimenticias. Jesús no es para encerrarnos a solas con El, a "disfrutar" de Su Presencia. El quiere que nosotros lo compartamos con todos. El no está en la soledad, porque en la soledad, incluso para dedicarnos a la piedad, no podemos amar. Cómo se manifestará nuestra iniquidad y nuestra maldad, si no es conviviendo con los otros? No es ante los que amamos, ante los cuales quedan más de manifiesto nuestras fallas, nuestros daños internos y nuestro pecado? Y no es por medio de ellos que el Señor nos va redimiendo? Cómo va a robar, mentir, agredir, envidiar, calumniar, una persona que vive sola? Tiene que vivir con otros para que toda esta iniquidad salga a la luz. Y cuando esto aparece, uno lo tiene que afrontar, aceptar que lo tiene, dolerse porque lo tiene y confiarlo al Señor para que nos de la fuerza que de El necesitamos para superar, celos, envidias, engaños y todo lo de las tinieblas. A quién tendrá que perdonar un solitario? A quién podrá amar, ayudar y servir? Por eso Jesús nos avisa que el cristianismo solitario también es un engaño y una mentira.

Mi relación con Jesús, mi pertenencia a la Nueva Alianza debe trasladarse a aquellos con los cuales comparto mi vida. Ellos deben saber que mi vida ha cambiado y que ha cambiado hacia el Amor y el causante del cambio es Jesús. Puede que acepten y mejorará la vida del hogar. Puede que lo rechacen y empiecen una persecución contra mi vida con el Señor. Vida Nueva a la que no puedo renunciar, porque renuncio al mismo Jesús.

El cristianismo del solitario, aún cuando viva en compañía, también es un engaño. Rezar las oraciones diarias, leer las lecturas de la misa cada día, tener algunas obras de caridad de tipo personal, tener su director espiritual personal, pero no transmitir a la familia nada de la Palabra de Dios; de la Historia de la Salvación; de la Voluntad del Padre, es un verdadero engaño y tenemos que huir de quienes nos aconsejen que "Cristo está en los aposentos interiores". No podemos creerles, ni dejar que nos convenzan; no podemos fiarnos de los que nos quieren convencer de esto. Jesús está en la comunidad, en la vida comunitaria, en el compartir todos con todos en Su Amor.

 

 

 

 

 

 

 

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