LA GRAN TRIBULACION FINAL DEL ENGAÑO

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"Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá", continúa Jesús anunciando. Aquí está añadiendo un hecho más a la profecía que el profeta Daniel había dicho en presente continuo. El habló de "muchedumbre de las abominaciones" y de "la abominación desoladora", y a esto Jesús le añade: "Cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá". Daniel habló de "una tribulación desoladora" que pasó, está pasando y seguirá pasando. Que en ciertas épocas sería más fuerte que en otras. Y sucedió en su tiempo y muchas veces a lo largo de la historia. Pero, "una tribulación tan grande", "cual no la hubo desde el principio del mundo ni jamás la habrá", que le agrega Jesús a la profecía de Daniel, significa que será la peor "tribulación" de todas porque "no hubo una igual, a la que habrá, desde el principio del mundo hasta ahora" y también, que será la última, porque dice: "ni la habrá".

¡Cómo serán de terribles esos días cuando toda la humanidad esté gobernada por Satanás! Por personas que sin ningún escrúpulo le hacen el mal a los demás, aparentando que les están haciendo un bien. Esas personas "son hijos de su padre, el diablo y los deseos del padre de ellos quieren hacer" (Jn.8,44). EL padre de las tinieblas está lleno de odio por todo lo que tenga que ver con Dios, y lo disimula. Lo disimula porque "él es homicida desde el principio y en la verdad no ha estado, pues no hay verdad en él" (Jn. 8, 44). Satanás actúa por medio de personas, de todos aquellos que "no conocen la conversación de Jesús porque no pueden oír la Palabra de Jesús" (Jn. 8,43). De todas aquellas personas que no "pueden creer la Verdad que dice Jesús" (Jn. 8,45). Y ni siquiera pueden querer estar en la Verdad y decir la Verdad porque "no pueden", y cuando "hablan mentira, de lo suyo propio hablan" (Jn. 8,44) porque "son hijos del mentiroso y padre de toda mentira" (Jn.8,44). "De lo suyo propio hablan" (Jn. 8,44), de lo que les es propio, de los que les pertenece, de su esencia.

La mentira y el engaño son contaminantes porque "lo que sale del hombre es lo que contamina al hombre", (Mc. 7,15b). Cuando los misioneros de Satanás, especialmente los que se "disfrazan de ángeles de luz" (2Cor. 11,14), se acercan a las personas que luchan por la Verdad, por la Palabra del Señor y por Su Reino, su deseo más profundo es destruirlos, intentando destruir en ellos las Verdad de Jesús, para que esta no sea proclamada. Usan todo tipo de argucias, astucias, engañifas y hasta el amor para enredar en sus lazos a los que viven la batalla diaria por la Palabra de Jesús y la Verdad. Actúan con todas las artimañas de su padre Satanás "el cual engaña al mundo entero" (Ap. 12, 9b).

¿Creen ustedes que Satanás va a actuar en el que ya está engañado? ¡No!, tiene que actuar en el que está denunciando la mentira y el engaño. Y en su diabólica astucia, lo seduce por sus partes más débiles, especialmente aparentando el amor que no tiene, para destruirlo con el odio que sí tiene. Es por esta razón que si aquellos tiempos no se acortasen, nadie se salvaría; "mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados".

 

 

 

 

 

 

 

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