AFERRANDONOS A EL, SALIMOS DEL ENGAÑO

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Jesús está hablando de "no descender" y de "no volver atrás": Está hablando en sentido físico, pero por sobre todo está diciendo que en esos tiempos en que la muerte reine en el corazón de la humanidad, y no veamos, ni siquiera dentro de nosotros mismos, los valores del Reino, que sigamos el Camino, que continuemos junto a El, que no lo cambiemos a El por los valores del mundo como son las "cosas de la casa o la capa que está en el campo" para protegernos en el Camino. En este texto, además, habla de soledad porque dice que "no vuelva a la casa a sacar las cosas "de él" y que "no vuelva al campo a buscar la capa de él". Dice, en el versículo anterior que nos prendamos desaforadamente de El, que no dudemos, que no titubeemos, que todo esto tiene que suceder, pero que El está ahí para protegernos, cuidarnos y guiarnos. El prendernos de El, es una decisión personal, individual; no es colectiva ni de a dos. Dice, por la palabra "capa de él", que no nos envolvamos en nosotros mismos, en nuestro mundo interior, que nos entreguemos enteramente a El, que perseveremos en El y en todos los valores del Reino en la época de la soledad, la duda, la persecución.

Que nadie, nunca, pueda convencernos de que estamos en el error, para hacernos volver a las cosas y valores del mundo, porque nos puede pasar lo que le pasó a la mujer de Lot. Fue avisada por YHVH, el Padre, de no mirar hacia atrás cuando empezara la tribulación en Sodoma. Lo hizo, miró hacia atrás y quedó convertida en estatua de sal (Gen. 19,26). Jesús nos recuerda de manera indirecta lo que nos puede pasar si descendemos al mundo a buscar nuestras cosas o si regresamos al campo a buscar nuestra capa. Quedaremos convertidos en estatuas de sal que "no sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres" puesto que "vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? (Mt. 5,13).

Este Mensaje de Jesús, apoyado en el profeta Daniel muchos lo han interpretado como cumplido. Se habla de la época de Nabucodonosor, de los griegos, de los romanos, del emperador Tito, pero este Mensaje de Jesús y del profeta Daniel, no están dichos ni en futuro ni en pasado, están proclamados en presente continuo, significa que es algo que siempre está sucediendo. Esta abominación desoladora, este olor de muerte espiritual que sube desde nosotros hasta el Padre también se está repitiendo hoy y aumentará hasta llenarlo todo y a todos.

 

 

 

 

 

 

 

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