ENGAÑOS POR PERMANECER
EN LA ANTIGUA ALIANZA

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Lo que pasa es que la Antigua Alianza está llena de prejuicios. Estaba bien hasta esa época. El pueblo necesitaba formación. Pero tenía que llegar el momento en que el privilegio de pertenecer a la familia de Dios fuera para toda la humanidad. Y este privilegio sólo lo obtendríamos haciéndonos hermanos de Su Hijo. Y el Padre nos hermanó con El cuando se hizo hombre, cuando nació entre nosotros (hoy es 24 de diciembre de 2001), cuando se hizo hombre y vivió lo mismo que nosotros. María y José lo tuvieron que lavar al nacer, lo tuvieron que cargar y mecer para que no llorara, le cambiaron pañales que estaban sucios y los lavaron; María lo amamantó, también le salieron los primeros dientes. María y José también dijeron: "¡me sonrió!", "¡me dijo papá!", "¡me dijo mamá!"; también lo llevaron de sus manos para enseñarle a caminar y lo regañaron y corrigieron como a cada uno de nosotros. Y como a cada uno de nosotros empezaron a darle sopita y juguitos de frutas y purecitos de verduras... como a cada uno de nosotros. Todos, pero absolutamente todos al nacer tuvimos las mismas necesidades y carencias. Nacimos iguales. En la Antigua Alianza, ellos nacían privilegiados, por eso los circuncidaban.

Este privilegio les otorgaba una superioridad sobre los demás pueblos y razas. Y era así, ellos pertenecían a la Familia de Dios porque las matriarcas Sara, Rebeca y Raquel fueron estériles (ver mi Segunda Carta) y por acción maravillosa del Padre Dios, pudieron concebir. El Padre Dios tenía que separarlos de los demás pueblos que eran idólatras para poderlos educar y formar como El quería. Esto lo entiende cualquier papá y cualquier mamá que estén formando hijos. Y esta separación los llenó de prejuicios, de superioridad sobre los demás, de privilegios especiales que con la "hermanada" de Jesús con toda la humanidad, se terminaron.

Pero se terminaron para siempre. La persona que cultiva y alimenta en sus hijos los prejuicios sociales, raciales, políticos, económicos está dando claras señales de no pertenecer al Camino de Jesús. Está despreciando a otros por no ser como él y este desprecio le evita amar, ayudar y sentir con los demás. Los prejuicios sociales son barreras que no dejan pasar el amor de Dios a nuestro corazón. ¿Cómo va a ser superior una persona por tener el pelo amarillo? Este tonto prejuicio obliga a muchas pobrecillas mujeres a tener su pelo pintado de amarillo hasta su más postrera edad. Tratando de demostrar que son "aquello maravilloso" que no son. Esto también es engaño y mentira. Y lo apoyan con argumentos: "Te ves mejor"; "con el pelo pintado de amarillo pareces más joven"; "más distinguida"; "te ves mejor presentada", y todas esas estupideces que no dejan a la persona vivir la sinceridad y honestidad que Jesús le está pidiendo.

Que fulano es "rasca", mientras que el otro es un "siútico" cuando el de más allá es un "paltón que se junta sólo con los "momios" porque los "upelientos son todos unos "roteques" que no son del agrado de los "pitucos". ¿Qué es esto tan horrible? ¿Qué atrazo, a nivel humano, es éste que se aferró a nuestra manera de vivir? ¡HAY QUE SALIR DE ESO!, dice Jesús. Jamás podré recibir el Amor del Padre, para darlo a otro, si pienso que un carabinero no puede decir "okey", porque "no le corresponde". ¿Han visto cómo las empleadas domésticas terminan por hablar como la señora, usar el mismo perfume que usa la señora, la misma ropa que usa la señora, el mismo peinado que usa la señora, para poder ser tenida en cuenta por ella como persona, no como su esclava? Ninguno de esos miles y miles de prejuicios sociales son del Camino de Jesús. Y si usted los tiene y es Católico, revísese, porque con Jesús estamos todos para ayudarnos, querernos y apoyarnos entre todos.

 

 

 

 

 

 

 

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