CONFLICTOS CON EL AMOR PROPIO

 

Imprime esta Página

 

 

 

Nosotros tendemos de manera natural a buscar aprobación y elogios, y cuando nos encontramos con Jesús, el conflicto se presenta en que El pide todo lo contrario: "Guardados de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público" (Mt. 6,1-4). Hay necesidad de hacerse una violencia interior muy grande, vivir un grave conflicto interno, para no andar pregonando el bien que le hacemos a los demás. El bien que hacemos tiene que llegar a ser una actitud permanente de vida, casi inconsciente, natural, propia, parte de nuestro ser.

También es usual que al católico le guste que lo vean en misa, comulgando, en las procesiones, ayudando al cura párroco, etc., y Jesús presenta otro nuevo conflicto: eso no se hace: "Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa" (Mt.6,5). El acto de orar no es para que los demás digan lo buenos que somos. Cuando hacemos esto, estamos demostrando que no tenemos relación con el Señor sino que Lo usamos para darnos buena fama. La oración es para encontrarnos en diálogo con el Padre: "Más tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público" (Mt. 6,6). Es muy difícil encontrar a un católico que tenga vida de oración personal. Nuestra formación religiosa nos ha enseñado que eso es para los curitas y las monjitas, para los laicos es suficiente ir a misa y confesarse de vez en cuando. Pero "entrar en el aposento y cerrar la puerta" para orar un rato diario, donde nadie nos vea, ni sepa, eso no lo hacemos y si lo hacemos y lo contamos, nos empiezan a decir que nos volvimos beatos, fanáticos, etc. Por esto, desarrollar una vida de oración personal, también es un conflicto. ¿Y cómo vamos a conocer al Padre si nunca nos encontramos a solas con El y nunca leemos Su Palabra?

El no perdonar crea otro serio conflicto: "Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas" (Mt.6,14-15). Es tan fuerte el conflicto que se nos presenta cuando al ser heridos por alguien tenemos que perdonarle, que fue necesario la presión del Padre para que lo hagamos: no perdonar al que nos ofende, significa no ser perdonado por el Padre. Creo que nuestra Iglesia Católica tiene que hacer un énfasis permanente y sin descanso en el "perdonar a los que nos ofenden", porque sin perdonar, nunca podrá haber una relación con el Padre Celestial. Y, ¡qué gran conflicto entre preferir vivir con el rencor en el corazón antes que la dulce relación con el Padre! Saborear el rencor nos gusta, complacernos en el mal de nuestros enemigos también nos gusta, y desearles el bien y perdonarlos no nos gusta; por eso el conflicto en el verdadero cristiano es permanente, porque nos ofenden "setenta veces siete" y ofendemos "setenta veces siete" por eso tenemos que perdonar "hasta setenta veces siete" y pedir perdón otras "setenta veces siete". ¡Y si reconocer unas sola vez nuestro error, es un conflicto contra nuestro orgullo, ¿cómo será si lo tenemos que hacer "setenta veces siete..."?

 

 

 

 

 

HOME - INTRODUCCIÓN - LA BIBLIA
CARTAS: 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 - 13

Copyright ©2001-10 • Escríbenos a sabina1111@jesuspalabra.cl