CONFLICTOS CON LA LEY

 

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En mi Segunda Carta explico ampliamente el conflicto que Jesús plantea en Su siguiente enseñanza: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos" (Mt.5,17-20). ¿Quiénes hay más justos que los fariseos? No quebrantaban ni un solo mandamiento, cumplían las 613 leyes, asistían todos los sábados a la Sinagoga, todos los años a la Pascua a Jerusalén, no tenían aparentemente nada para reprocharles. Sin embargo, Jesús les dice que con su "justicia no entrarán al reino de los cielos". Y es que los fariseos, lo mismo que muchos "buenos cristianos", estaban convencidos que por hacer muchas cosas buenas y dejar de hacer muchas cosas malas pertenecían al Reino de los Cielos. En esta enseñanza Jesús los pone en conflicto: no es así como se pertenece al "reino de los cielos". Porque al Reino de los Cielos sólo se entra por El y con El: "...nadie viene al Padre sino por mí" (Jn. 14,6).

¿Cómo no se va a generar un conflicto para todo aquel que quiere seguir a Jesús y trata mal a su hermano? Personas bautizadas, que cumplen todos los mandamientos y no saben decir "buenos días" ni "muchas gracias", que no ven a los demás para saludarlos; que no reconocen las obras de los demás para agradecerles. Pero sí les queda muy fácil decirles "tonto", "h....n", "tarado", "estás loco", estás rayado", "qué raro que eres", etc., etc.: "Pero yo os digo que cualquiera que se encolerice contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Imbécil, a su hermano será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Tonto, quedará expuesto al infierno de fuego". (Mt.5,22. En mi Sexta Carta hice un análisis, de lo que significa cada una de las palabras de esta enseñanza). Cuando Jesús habita en el alma de una persona y ésta maltrata a alguien, se genera un conflicto interno muy serio. Jesús, que es la Palabra, no se queda callado en nuestro interior mientras hacemos daño a nuestros hermanos. Desde dentro nos habla, nos reprocha, nos corrige, nos impele a pedir perdón y a no hacerlo nunca más. Es tan fuerte el conflicto interno que Jesús nos hace sentir, que por no volver a sentirlo, cambiamos con nuestros hermanos. Jesús se entristece dentro de nosotros y esta tristeza la sentimos, nos duele, nos amarga. De ella sólo salimos pidiéndole perdón al que hemos ofendido. Sólo el pedir perdón nos libera del conflicto interno impuesto por Jesús en nuestro interior y libera al otro del dolor impuesto por nosotros en su alma: "Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda" (Mt. 5,23). Esto que dice Jesús, no es una simple ley. Lo dice porque cuando El vive realmente dentro de nosotros, no nos deja tranquilos, ni tener paz interior hasta cuando pidamos perdón al hermano. El pedirle perdón al que hemos herido, es el único remedio para el alma que hemos enfermado con el odio, el rencor y los deseos de venganza. Y es un conflicto para nuestro orgullo, que nos concedió el derecho de dañar a alguien, el tener que humillarse, ponerse por debajo del herido y pedirle perdón.

El cristianismo es un conflicto permanente con nuestra manera natural de vivir y de ser. (Me refiero al cristiano que da su vida por el Reino de Jesús, por Su Palabra, no a los cristianos de sólo nombre o por tradición). Los que nos hacen daño merecen castigo; sin embargo Jesús nos pide que nos pongamos de acuerdo con ellos. Los adversarios de los cristianos son muy poderosos, manejan el poder económico, el poder judicial, todo. Cuando un cristiano es dañado por uno que no lo es, los poderes del mundo condenarán al cristiano y liberarán al que le ha hecho el daño, por eso Jesús dice que nos pongamos de acuerdo con él. ¿No es un gran conflicto tener que declarar inocente al que ha tratado de matarnos, al que nos ha robado, que nos ha denigrado y calumniado, estafado, etc.? Pero Jesús nos aconseja perdonarlos por nuestro propio bien, porque la justicia humana y el dinero que la apoya, estarán de parte de los adversarios del cristiano: "Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entretanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. De cierto te digo que no saldrás de allí hasta que pagues el último centavo" (Mt. 5,23).

Jesús siempre enseñó situaciones que nos ponen en conflicto entre nuestra manera natural de ser, lo que nos enseña la sociedad y lo que quiere El que lleguemos a ser: "Oísteis que fue dicho: ojo por ojo, y diente por diente (ésta es nuestra conducta natural). Pero yo os digo: no resistáis al que es malo (ésta es nuestra reacción natural); antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vé con el dos (todo esto que acaba de decir Jesús nos pone en conflicto con nosotros mismos por nuestra manera natural y social de reaccionar). Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses (lo que aquí nos pide Jesús también nos conflictúa porque por nuestra naturaleza humana no queremos dar ni prestar. ¿A cuál niño le gusta dar o prestar sus juguetes o sus golosinas?). Oísteis que fue dicho: amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo (esto es lo natural). Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen (esta actitud que nos pide Jesús es totalmente opuesta a nuestro sentimiento y si la adoptamos, tenemos que vivir primero el conflicto de ir contra nuestro instinto natural); para que seáis hijos de vuestro padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? (con esto que acaba de decir Jesús, queda manifiesto el conflicto: lo natural es odiar al enemigo, vengarse de los perseguidores, y el conflicto se presenta cuando tengo que ir en contra de lo que soy, en vez de odiar, amar; y en vez de vengarme, servir. No hay forma de ser cristiano sin vivir en conflicto). Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro padre que está en los cielos es perfecto" (Mt.5,38-48). Perfección en el pensamiento hebreo no significa no tener defectos, significa "no quitar la mirada de Dios", del Padre, porque nosotros mantenemos nuestra mirada puesta en la maravilla que somos y lo pésimos que son los demás. Siendo así como somos, nunca podremos salir de nuestra maldad y ser fecundados por la bondad del Padre.

 

 

 

 

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