|
|
|
|
"No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he
venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión
al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su
suegra; y los enemigos del hombre serán los de su propia casa" (Mt. 10,34-36). Estas últimas
Palabras de Jesús, no son propias de El. Las había dicho el profeta Miqueas
contra Samaria y Jerusalén en el año 725 a.c. anunciando lo que pasaría en ambos
reinos cuando fueran asediados por los asirios y los caldeos respectivamente:
"Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la
madre, la nuera contra su suegra: y los enemigos del hombre son los de su
casa" (Miq. 7,6). Y claro, si el hijo es del Reino y el padre del
mundo, habrá conflicto entre ambos. Si la madre es del Reino y la hija ese
del mundo, habrá conflicto entre ambas. No hay mayor tragedia que cuando a
una persona se le interpone un ser querido entre ella y Dios. Y es que los
valores del Reino de Dios están por encima de los del mundo aún cuando estos
estén en nuestros seres más queridos: "El que ama a padre o madre más
que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es
digno de mí; y el que no toma su cruz (cruz: stauros en griego, significa
"permanecer apoyado en el Señor", ver mi Primera Carta. Dice Jesús:
"el que no permanece apoyado en mí") y sigue en pos de
mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá (el que sigue sus
propios proyectos que son los del mundo); y el que pierde su vida (el
que renuncia a sus planes personales y egoístas) por causa de mí, la hallará"
(Mt.10,37-39). Porque El es la "Vida y Vida en Abundancia".
Muchos se escandalizarán de esta Palabra, miremos por qué: La Palabra "ama",
en esta enseñanza de Jesús, es phileo en griego.
Hay otras palabras para decir amor en griego, pero Jesús aquí usa phileo. Significa "valorar lo que se ama, o a
quien se ama, por encima de cualquier otra cosa", se caracteriza por el
aferramiento y la dependencia constante. Lo que se ama se convierte en el
único motivo de vivir. Y esta clase de afecto es malsano, porque no puede
haber desarrollo personal, independencia, personalidad propia, cuando se
tiene un afecto tan dependiente. No puede haber liberación, hacer su propia
vida ni tejer su propia historia. Siempre se queda dependiendo de tradiciones
y costumbres familiares, lo que retrasa el desarrollo social, la imaginación,
la creatividad y todo. ¿Se han dado cuenta cómo tratan de loco y de raro a
una persona que desarrolla capacidades artísticas y pertenece a una familia
donde todos los demás, de una manera u otra, son comerciantes? Y es de este
afecto dependiente, paralizante, inmovilizador, que Jesús nos quiere liberar,
uniéndonos a El. Quiere que pensemos de manera personal y única, que nos
vistamos de manera personal y única, que actuemos de manera personal y única,
quiere que realicemos y desarrollemos nuestra vida de manera personal y
única. No quiere que nos vistamos como todos, comamos lo que comen todos,
hablemos lo que hablan todos, opinemos lo que opinan todos, vayamos a los
mismos lugares donde van todos, hagamos los domingos lo que hacen todos, ¿ven
lo aburridor que es? No dice Jesús en este pasaje que dejemos de servir,
acompañar a nuestros padres y rendirles veneración. Tampoco dice que
abandonemos a nuestros hijos. Pero sí dice que no nos hagamos esclavos de
ellos haciéndolos así esclavos de nosotros. Los padres se esclavizan de los
hijos hasta su adultez, para que después los hijos queden esclavos de los
padres por toda la vida. Esclavizarse al hijo es no dejarlo hacer las cosas
que él ya puede hacer, como por ejemplo ir al dentista a los 16 años solo;
bañarse a los 10 años solo; ir al colegio a los 15 años solo si lo dejó la
micro, conseguir una casa de veraneo particular, separada de la de sus
padres, etc., etc. Y lo peor, es que esclavizarse al hijo es no dejarlo ser
persona, nunca. Y repetirá el mismo esquema en su nueva familia.
Del
peligro de no llegar a ser alguien único e irrepetible, nos quiere liberar
Jesús, para que en El lleguemos a ser las personas que El creó. Jesús no
quiere que nos quedemos atrapados en los lazos de otros para siempre, así
sean nuestro padre, nuestra madre, o nuestros hijos. El verdadero amor es
liberador y liberante (ver mi Novena Carta). Esto quiere el Señor: "...
Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo
Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de
Cristo, para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de
todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean
con astucia las artimañas del error (en este caso, lo que parece amor
pero es un afecto compulsivo, esclavizador y esclavizante), sino que
siguiendo la verdad en amor (afecto liberador y liberante), crezcamos en todo en aquel que es la
cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido
entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la
actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose
en amor" (Ef. 4,13-16).
|
|