LAS RIQUEZAS Y EL CRISTIANO

 

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El conflicto con las riquezas y los bienes materiales es uno de los más difíciles de resolver para un cristiano: "No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde los ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo (los valores del Reino que se llevan en el alma: veracidad, sinceridad, honradez, generosidad, fortaleza, etc.), donde ni la polilla y ni el orín corrompen y donde ladrones no minan ni hurtan, (nadie puede dañar los tesoros del Reino que tiene alguien en el alma, si la persona no permite). Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón" (si nuestro tesoro son las riquezas, en nuestro disimulo, podemos usar a Dios para obtenerlas; si es la fama y el poder, también podemos usar a Dios para obtenerlos. Aparentando tener el corazón puesto en Dios, lo usamos como "pantalla" para poder tener el corazón puesto en la riquezas, la fama y el poder (Mt. 6,19-21). Este conflicto muchos lo resuelven por medio de una trampa espiritual: "yo quiero tener riquezas, no para mí, sino para ayudarle a los pobres y a mi familia" pero ignoran que: "Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, (henos anthexetai en el original griego, que significa "se adherirá al uno", y también significa "alinearse cara a cara con uno contra el otro". Lo que quiere decir que son dos contra uno: Dios y la persona contra el dinero, o el dinero y la persona contra Dios) o se allegará al uno ("se adherirá al uno") y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas" (Mt.6,24).

La palabra riqueza que usa Jesús, en griego es "Mammón". Palabra de origen caldea, siríaca y púnica para el dios del dinero, que en esas culturas es el mismo nombre que se le da al demonio. Significa que el esclavo de Mammón servirá a Mammón creyendo y pretendiendo obedecer a Dios. A pesar de la mentira que nos digamos, de los subterfugios que busquemos, de los argumentos que nos demos, esta conflictiva sentencia de Jesús se hace realidad: el que se dedica a obtener riquezas se separa de Dios, porque "las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas ahogan la Palabra y se hace infructuosa" (Mt. 13,22b). Es tan grande el poder de las riquezas, que puede atrapar del todo el alma del hombre y hacer que la palabra que cae en su corazón caiga "entre espinos y se haga infructuosa". Es por eso que el que se dedica a las riquezas terminará viviendo el conflicto entre Dios y las riquezas. Y a menos que el encuentro con el Señor sea la motivación primordial y la decisión fundamental de su vida, las riquezas terminarán por separarlo del Señor. Porque "...¡cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!" (Mr.10,23). Porque el que tiene riquezas no necesita confiar en Dios, confía en sus riquezas. No necesita confiar en que el Señor proveerá el mañana de su vida, porque ya lo tiene asegurado; ni la comida, el estudio, el techo y la educación de sus hijos, porque ya lo tiene asegurado. El que tiene riquezas, no tiene espacio para que el Señor trabaje en su vida, por eso es que "¡...difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!" (Mr.10,24). ¡Qué gran conflicto para los que tiene dinero y quieren también servir al Señor!, porque el encuentro con el Señor, y la opción definitiva por El, necesariamente producen conflicto. Y a los que no tienen dinero, y quieren tenerlo, también se les produce el mismo conflicto.

Los que pertenecen al Reino del Padre Celestial no necesitan preocuparse por amasar fortunas ni obtener bienes: "Por tanto os digo: no os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aún Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre Celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Más buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal" (Mt.6, 25-34). ¡Qué terrible conflicto el creer en estas Palabras de Jesús!

Las riquezas se obtienen todas por medios injustos: "Y yo os digo: haceos amigos por medio de las riquezas injustas, de maldad (es propio de las riquezas atraer muchos "amigos"), para cuando éstas falten (cuando se acaban las riquezas se acaban los "amigos"), os reciban en las moradas eternas (es en esos malos tiempos, cuando estamos en soledad y pobreza, que volvemos los ojos a Dios que nos espera y nos recibe porque es Padre). El que es fiel en lo muy poco, (en lo que se refiere al dinero) también en lo más es fiel; (en lo que se refiere al Reino de Dios) y el que en lo muy poco es injusto, (el dinero) también en lo más es injusto (el Reino de los Cielos). Pues si en las injustas y malas riquezas no fuisteis fieles, (estando ricos no se puede ser fiel al Señor) ¿quién os confiará lo verdadero? Y si en lo ajeno (el dinero, porque para que lo posea alguien, lo tiene que perder otro) no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?" (el Reino de los Cielos que es la herencia que nos ha dado el Padre. Lc.16,9-12).

Cuando unos se enriquecen es porque otros se empobrecen: "Difícilmente se libra de falta el negociante, el comerciante no quedará limpio de pecado. Por amor a la ganancia han pecado muchos, el que trata de enriquecerse se niega a compadecerse (el dinero endurece el corazón ante la necesidad del otro. La riqueza le tiene miedo a la pobreza, por eso no da, para no tener menos). Entre dos piedras juntas se planta una estaca, y entre venta y compra se introduce el pecado. Quien no se aferra enseguida al Señor pronto verá destruida su casa" (Eclo. 26,29; 27,1,3). ¿Estará hablando el Señor de las quiebras económicas que siguen a las riquezas? Nuestra historia y nuestras sociedades están llenas de ellas. Así es el dinero, como es demonio, da y quita. Le quita a uno para darle a otro y luego le quita al que le dio para darle a otro y así va agarrando a muchos. ¿No es así la bolsa económica? Para que unas empresas obtengan más ganancias las otras las tienen que perder.

No hay justificaciones para estas Palabras del Señor tan radicales. No hay excusas, no hay componendas. Las riquezas nos alejan de Dios y de los hermanos. Nos evitan tener relaciones humanas sinceras y verdaderas. Nos llenan de soberbia, prepotencia y discriminación de personas. No nos dejan ver las necesidades de los demás. Y terminarán por destruirnos. Conflicto grande es querer trabajar en el Reino del Señor, querer tener relación con El, querer ser Su amigo y al mismo tiempo ser amigo de los dividendos, los intereses, las bolsas, los inmuebles, etc., etc. Razón por la cual el dinero se llama Mammon, porque se "mama" a la persona que se dedica a servirlo, a trabajar para él y a entregarle toda su vida.

 

 

 

 

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