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LOS CONFLICTOS DE LOS PROFETAS |
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Todos
los profetas vivieron grandes conflictos entre defender el Camino de Dios y
lo que les exigía el mundo: "Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate, y
háblales todo cuanto te mando; no temas delante de ellos, para que no te haga
yo quebrantar delante de ellos. Porque he aquí que yo te he puesto en este
día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce
contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá, sus príncipes, sus
sacerdotes, y el pueblo de la tierra. Y pelearán contra ti, pero no te
vencerán; porque yo estoy contigo dice YHVH para librarte"
(Jer.1,17-19). Jeremías
llegó a desear y pedir la muerte: "Me sedujiste, Oh YHVH, y fui
seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido
escarnecido, cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces hablo, doy voces,
grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de YHVH me ha sido para
afrenta y escarnio cada día. Y dije: no me acordaré más de él, ni hablaré más
en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido
en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude. Porque oí la murmuración de
muchos, temor de todas partes: denunciad, denunciémosle. Todos mis amigos
miraban si claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra
él, y tomaremos de él nuestra venganza. Más YHVH está conmigo como poderoso
gigante; por tanto los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán
avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua
confusión que jamás será olvidada. Oh YHVH de los ejércitos, que pruebas a
los justos, que ves los pensamientos y el corazón, vea yo tu venganza de
ellos; porque a ti te he encomendado mi causa. Cantad a YHVH, load a YHVH;
porque ha librado el alma del pobre de mano de los malignos. Maldito el día
en que nací; el día en que ni madre me dio a luz no sea bendito. Maldito el
hombre que dio nuevas a mi padre, diciendo; hijo varón te ha nacido,
haciéndole alegrarse así mucho. Y sea el tal hombre como las ciudades que
asoló YHVH, y no se arrepintió; oiga gritos de mañana, y voces a mediodía,
porque no me mató en el vientre, y mi madre me hubiera sido mi sepulcro, y su
vientre embarazado para siempre. ¿Para qué salí del vientre? ¿Para ver
trabajo y dolor, y que mis días se gastasen en afrenta?" (Jer.20,1-18).
Este conflicto interno, uno de los tantos que vivió el profeta Jeremías, lo
superó, porque el amor de la relación personal que tenía con el Padre, era
más fuerte, más placentero, más gozoso. Los sentimientos que le producía la
relación con el Padre eran más fuertes que el conflicto que esta relación le
producía con el mundo. El placer que le producía el trabajar para el Padre
era más fuerte que los conflictos que este trabajo le producían con el mundo.
Por eso nunca renunció a su misión de profeta, esa era su vida y la razón de
su existencia. Sin personas como Jeremías, ¿qué habría sido de nuestra fe...?
Y,
¿cómo no va a tener el profeta conflicto con los valores del mundo, si su
mensaje está contra ellos? Observemos al profeta Ezequiel: "Yo, pues,
te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: así ha
dicho YHVH el Señor. Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son
una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos. Y tú, hijo
de hombre, no les temas, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te hayas
entre zarzas y espinos, y moras con escorpiones; no tengas miedo de sus palabras,
ni temas delante de ellos, porque son casa rebelde... Luego me dijo: Hijo de
hombre, vé y entra a la casa de Israel y habla a ellos con mis palabras.
Porque no eres enviado a pueblo de habla profunda y de lengua difícil, sino a
la casa de Israel. No a muchos pueblos de habla profunda ni de lengua
difícil, cuyas palabras no entiendes; y si a ellos te enviara, ellos te
oyeran. Mas la casa de Israel no te querrá oír, porque no me quiere oír a mi;
porque toda la casa de Israel es dura de frente y obstinada de corazón. He
aquí yo he hecho tu rostro fuerte contra los rostros de ellos, y tu frente
fuerte contra sus frentes. Como diamante, más fuerte que pedernal he hecho tu
frente; no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque son casa
rebelde... Me levantó, pues, el espíritu, y me tomó; y fui en amargura, en la
indignación de mi espíritu, pero la mano de YHVH era fuerte sobre mí" (Ez.2,4-6;
3,4-9.14). Sólo cuando se tiene verdadera relación personal con el Señor, se
pueden vivir estos conflictos. ¿Quién no da su vida por el ser que ama? Sólo
la fuerza del amor da fortaleza para vivir el conflicto entre el Reino de
Dios y el mundo. Si no existe este amor y este compromiso, propios del amor,
el mundo terminará por hacernos traicionar a Dios y a nosotros mismos, siendo
esa nuestra desgracia e infelicidad. |
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