D É C I M A C A R T A

 

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Cuando Abram se encontró con el Señor, se le generó un gran conflicto. Tuvo que "salir de su tierra y de la casa de su padre e ir a la tierra que el Padre le mostró" (Gen. 12,1). No sabía hacia dónde se dirigía. Quizás Sarai, su esposa, se oponía a partir sin saber a qué lugar. Sus padres, todos sus hermanos, sus familiares, seguramente se le opusieron y lo trataron de loco. Pero la fuerza que lo empujaba a irse y buscar mundos nuevos, era más fuerte que toda la oposición de su familia y de su raza. El conflicto consistía en que tenía que irse sin tener nada claro. Esa Voz del Padre que le hablaba desde su corazón, lo obligaba a creer, a confiar por encima de sus convicciones, pertenencias y raíces. Por eso él es el "padre de la fe". Porque fue el primer ser humano que se dejó guiar, sin oponer resistencia, por el llamado del Padre Dios. Supo pasar por sobre su conflicto, dejarlo a un lado, no permitirle que ganara en esa batalla interior por seguir este nuevo y desconocido camino que le estaba presentando el Padre YHVH. Abram no estaba siendo invitado por el Padre a ir a un lugar determinado y a vivir una vida planificada. No, estaba siendo invitado a dejarlo todo e ir a un lugar desconocido, y vivir una vida inimaginada. Y así tuvo que hacerlo, para ser fiel con el Padre y consigo mismo.

Jacob llegó a ser el heredero de la primogenitura luego de un gran conflicto entre su hermano Esaú, su madre y su padre. Esaú no comprendió la importancia de ser el primogénito de Isaac. No comprendió que no sólo estaba recibiendo una primogenitura humana, sino que estaba heredando la primogenitura de la Presencia de Dios en la tierra, así como Isaac la había heredado de Abraham y después él, de Isaac. Su necedad lo llevó a vender esta primogenitura a su hermano Jacob por un plato de lentejas. Ante esta inmadurez de su hijo, su madre Rebeca, que sí sabía de qué se trataba esta primogenitura, no podía aceptar que la heredara Saul a la muerte de su padre. Por eso armó una artimaña, y a la hora de la bendición, antes de la muerte de Isaac, Rebeca vistió a su hijo Jacob con las ropas de su hermano Esaú y cubrió sus brazos con piel de un cabrito. Isaac estaba ciego y bendijo a Jacob como su primogénito en lugar de Esaú (Gen. 27). Esto desató un gran conflicto entre los dos hermanos y Jacob tuvo que huir. De no haber sido así, en manos de la irresponsabilidad de Esaú habría muerto la promesa del Padre y el Germen del Mesías que llevaba esta familia en su sangre, porque Esaú se separó de Dios y dio origen a los edomitas, grandes enemigos del pueblo de YHVH, quienes los persiguieron durante toda la travesía por el desierto hacia la Tierra prometida (Gen.36).

Los conflictos de Jacob lo llevaron a quedar cojo después de una noche peleando con el Angel de YHVH. En aquella noche le fue cambiado a Jacob su nombre, que significa "el usurpador", por el de Israel que significa "el que reina con Dios". ¡Cómo sería de terrible el conflicto interno de Jacob, para pasar de usurpador a reinar con Dios! Tuvo que haber sido una lucha interna muy seria y larga en la cual quedó cojo, es decir, apoyándose completamente en Dios y nunca más en sí mismo (Gen. 32, 22-31).

La misma situación vivió Moisés. El primer llamado que tuvo del Padre fue a defender a su hermano de sangre, un hebreo, por encima de su familia de crianza que era la familia del faraón (Ex. 2,11-15). Recordemos que cuando el faraón de Egipto ordenó la matanza de los primogénitos hebreos, Moisés fue rescatado y adoptado por la hija del faraón y fue educado según "toda la sabiduría egipcia" (Hech. 7,20-29). Pero cuando se le presentó el conflicto de defender a su hermano hebreo, también tuvo que superar el conflicto y pasar por sobre todo lo que había recibido durante su vida. Se enfrentó de tal manera al conflicto y con tanta madurez, que tuvo que huir de Egipto y vagar por el desierto donde se encontró con su verdadera realidad: su soledad y su pequeñez.

El Rey David también vivió grandes conflictos: tenía derecho a matar al rey Saúl cuando éste lo estaba buscando para matarlo. Y le perdonó la vida (1Sam. 24,1-22). Podía haberse quedado con Jonatán, su amigo del alma, pero fue más fuerte la fidelidad al Padre YHVH, y superando el conflicto afectivo, lo dejó y partió, inclusive a vivir entre los filisteos los grandes enemigos de su pueblo, el pueblo hebreo (1Sam. 27,7). Tuvo el gran conflicto de querer construir el templo para el Padre YHVH, de recibir, por parte del Padre los planos del templo, y no ser él su constructor sino su hijo Salomón (2 Sam.7,1-7; 1Cron. 28,2-3). Vivió un largo y dolorosísimo conflicto con sus hijos, especialmente con su hijo Absalón (2 Sam. 15 a 18).

 

 

 

 

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