JUSTIFICACIÓN

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Esta Décima Carta es prueba de la Victoria del Señor. Llevamos tres años escribiendo sobre la Palabra del Señor y las grandes diferencias entre Ella, y la doctrina de nuestra Iglesia Católica. Hemos hecho centenares de preguntas en las nueve cartas anteriores, y aún no tenemos respuesta. Este silencio nos alienta para seguir entregándole a la comunidad la Verdad contenida en la Sagrada Escritura.

Estas Cartas también están en el Internet desde donde se pueden bajar muy fácilmente. Son para estudiar y aprender sobre la Verdad contenida en la Sagrada Escritura y para que se pueda abrir el corazón de muchas más personas al Amor permanente e incondicional del Padre por cada uno. Son cartas de distribución gratuita y las editamos con muchos esfuerzos económicos de una comunidad de mujeres chilenas, con ayuda de una comunidad colombiana.

En esta Carta quiero presentar todo el conflicto que se establece con el mundo, cuando alguien toma la opción definitiva por el Camino de Jesús. Siempre se nos ha presentado el Camino de Jesús sin conflicto ni contradicciones. Pues los tiene, y muchos.

El conflicto es algo vital en nuestro desarrollo como personas, porque es la lucha y el triunfo sobre él, lo que nos hace saborear el placer de la victoria. Sentir la victoria en nuestra vida es lo que nos hace personas desarrolladas, amantes de nosotros mismos, confiadas y confiables. En especial, el Reino de Nuestro Señor Jesucristo necesita personas que, totalmente adheridas a la Victoria de Jesús sobre la muerte, gocen de la Victoria de El en sus vidas y puedan ser personas en las cuales el Señor pueda confiar para seguir construyendo Su Reino de Amor y Libertad entre los hombres.

Cuando al Camino de Jesús se le quitan los conflictos, se lo presenta como un camino monótono, y sin atractivo. Nuestra sicología se alienta, y permanece despierta nuestra alma, cuando nos sentimos capaces de superar situaciones difíciles Los deportes modernos son una prueba de ello. El triunfo sobre el conflicto, la dificultad y la crisis siempre conllevan un premio; conllevan la promesa de un galardón. Si al cristianismo le siguen quitando su parte de crisis y conflicto, inmediatamente también desaparece la promesa del galardón, y del premio por el triunfo al superar las crisis.

Las Promesas del Señor son reales. El las cumple. El premia de manera concreta y objetiva todos nuestros esfuerzos por llegar a ser las personas que El quiere que seamos. Si seguimos viendo el Camino de Jesús como algo tedioso y sin atractivo, como usualmente se nos lo presenta, estaremos perdiendo todas las armas, modos y maneras que el Señor nos da para ser felices, plenamente desarrollados y realizados, al contemplar cómo el Padre de Jesús, y El mismo, se hacen presentes en nuestra vida, produciendo en ella toda clase de prodigios y maravillas, que nos hacen repetir a cada momento: ¡Gracias Señor!

Que la mentira, el dinero, la buena fama, la buena posición social y económica no sean los principales estímulos de nuestra vida, es una Victoria del Señor en nosotros, puesto que eso es lo que el mundo nos pide y nos exige. Jesús en cambio nos pide entregar nuestro corazón al Suyo para así poder fecundarnos con los sentimientos que se albergan en Su Corazón. La paz, el amor, la justicia, la solidaridad, la fortaleza, la benevolencia, la valentía, la verdad, son sentimientos que están en el Corazón del Padre y que quiere trasmitirlos al nuestro, para que tengamos una vida en plenitud y la transmitamos a quienes comparten con nosotros este corto caminar.

Muchos quedarán desilusionados porque el Camino de Jesús no es tan fácil como ellos lo pensaban. Otros quedarán felices de saber que Jesús no vino a traer entre los hombre una propuesta de vida monótona y sin aventura. Conocerán el sentimiento permanente de vivir a plenitud cada día y el sentido de hacer parte del camino del universo.

Muchas gracias.

Sabina Vélez Hurtado Valdivia, Agosto de 2001

 

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